domingo 31 de enero de 2010

Muerte a crédito

 

Nunca había leído a Céline y estoy ahora de cabeza en su Muerte a crédito. Se me hace difícil leerlo. Recién he pasado la mitad del libro (la página 290) y podría decir que está en el bando opuesto de mis intereses literarios. Pareciera que encuentra la vida poética de por sí, tal cual, y la muestra, se diría, desnuda. Se engolosina en detalles que son sencillamente retratos de época, material para memorialistas y punto. En muchas páginas no se distingue otra cosa que un enfermo de nostalgia, y en otras, las mejores, arregla el naipe y con una hiel y una frialdad impresionantes retrata mucho mejor las relaciones de familia, las relaciones personales, y en esos pasajes está, creo, su grandeza, junto a su estilo que a veces es fluidísimo, muy musical cuando no lo arruina con su exceso de puntos suspensivos y signos de exclamación. Tiene algo que sólo podría calificar de nervioso.